miércoles, 17 de junio de 2015

¿SERÁ QUE ARTURO VIDAL MANEJA LA FAMA COMO MANEJA SU FERRARI?


Arturo Vidal es el principal goleador de la selección chilena en lo que va de Copa América.  Es delantero de la Juventus, y por supuesto, es uno de esos chicos que por un talento natural se tropieza con la fama a corta edad, y luego no sabe qué hacer para levantarse.

¿No será que un joven jugador de fútbol no debería ganar tanta plata ni tener tantos beneficios TODOS reducidos a posesiones y asuntos meramente materiales?

¿No será que un carajito de ventipico de años no está preparado emocionalmente para cobrar un dinero que sobrepasa con creces su imaginación para gastarlo?

¿No será que premiar a un jugador con un Lamborgini antes de que haga su primer gol o su primera buena parada para el Club que lo contrató, va en contra de lo que seguramente sus padres le enseñaron toda su vida? (Hablo de aquella vieja costumbre de premiar luego de alcanzar las metas… y no antes).

¿No será que para este chico, perder un Ferrari en un choque es casi un chiste, ya que lo que cuesta ese carro él se lo va a ganar la próxima semana…sin importar si juega bien o mal?

¿No será que cuando la humildad brilla por su ausencia, el ego deslumbra con su insensatez?

¿No será que creerse dios puede llegar a ser muy peligroso para un mortal cualquiera como lo debería ser un jugador de fútbol?

Este joven, Arturo Vidal, chocó su Ferrari luego de echarse unos traguitos de más en un descanso que su jefe le dio a la Selección Chilena en plena Copa América.

Pienso yo: si no tuviera el exagerado sueldo que tiene, si no tuviera ese acceso tan fácil a un carro como el que destrozó y a tanto lujo indiscriminado... si ganara su dinero cada vez que gane un partido…si la ley no le garantizara un “tratamiento especial” por ser un “héroe nacional”, seguramente este chileno delantero de la Juve habría asumido el descanso que le dio el Director Técnico como un momento para relajarse y concentrarse en el siguiente encuentro, más que como una oportunidad de exhibirse y derrochar otro tanto de lo que hoy le sobra.

Este primer tiempo, al menos, lo ganó la vergüenza.
Ya veremos si las lágrimas del jugador en una rueda de prensa ofrecida horas después del accidente, son más un susto por tener que reparar su efímera popularidad que una lección de la vida en momentos en que aún se pueden corregir los excesos de egocentrismo.


En cualquiera de los dos casos, estoy convencido de que las cosas en el fútbol deben cambiar.  

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