miércoles, 3 de junio de 2015

EL PRECIO DE LA DIGNIDAD EN VENEZUELA

Daniel Ceballos, uno de los presos políticos que el dictador ”Maduro el Deficiente”  exhibe como uno de sus mejores trofeos de caza o como una vulgar herramienta para el chantaje, está llegando a un límite poco más que peligroso en la huelga de hambre que iniciara junto a Leopoldo López hace más de una semana. 

En una conmovedora nota y tal vez a modo de premonición, el joven opositor tachirense se despidió de su madre, y a las afueras de la cárcel para presos comunes, en la que se encuentra compartiendo sus delitos de libertad con asesinos y violadores de oficio, su esposa Patricia suplica clemencia a un régimen déspota que se hace el sordo ante los más básicos y elementales requerimientos de  justicia.

Si hace unos años (tal vez más de 15) me hubieran dicho que esta escena estaba ocurriendo en Venezuela, jamás lo hubiera creído.
Hoy, tristemente, no sólo lo creo, sino que además logro ver una réplica del caso de Franklin Brito, quien después de una huelga de hambre por exigir la devolución de sus tierras robadas descaradamente por el ladrón de Hugo Chávez, murió en el silencio cómplice de todo un país que prefirió callar a denunciar…Que prefirió ver la tragedia como algo ajeno…Que prefirió girar la mirada como si no fuera con él.

En aquel entonces, después de fallecido ese valiente hombre de campo, se retomó de la historia político-publicitaria una frase que ha perdido credibilidad de tanto usarla…de mucho manosearla y de poco sentirla: BRITO SOMOS TODOS

¿Sería porque todos nos quedamos como muertos ante un ejemplo de indecencia despilfarrada?

Hoy Daniel Ceballos, al igual que Brito, se ha convertido en un caso con final anunciado si no se detiene a tiempo (y creo que ya es tarde) y si no alzamos nuestra voz antes de verlo morir en medio de sus anhelos de democracia y libertad. Democracia y libertad para TODOS, por si en algún momento se nos olvida.

Sé que ninguno de los malandros que hoy detentan el poder van a escucharme y mucho menos a leerme.  Eso de “escuchar” es algo que no han logrado aprender todavía. 
Lo único que ellos hacen con cierta destreza, es desdibujar el futuro de Venezuela en medio de una tiranía baja y cobarde, como ésta que iniciara aquella forma de peste encarnada hoy en el ridículamente denominado “Comandante Supremo”.

Sólo me queda rezar por la salud de Daniel: porque recapacite sobre su decisión de huelga o porque soporte hasta lograr sus objetivos. 

Eso sí, lo que no haré jamás (porque no le voy a dar el gusto al dictador Maduro) es ponerme una camiseta que diga: CEBALLOS SOMOS TODOS.


   

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