sábado, 27 de junio de 2015

CHI-CHI-CHI-LE-LE-LE, LA-LA-LA-CA-CA-GÓ

Sin ánimos de criticar por criticar, quiero escribir un poco acerca de la Copa América. 
Prácticamente todos los partidos han sido un paupérrimo desfile de malos equipos, malos jugadores, mala actitud, pésimos árbitros y una insolente evidencia antideportiva.

Algo parece ocurrirle a los jugadores latinoamericanos cuando se despegan de la disciplina de sus respectivos clubes (la mayoría europeos) para representar con desgano a sus países, como si se tratara de un acto benéfico más que patriótico. 
Surge ahí una especie de “vedetismo”, imagino provocado por el ego incontrolable que no cabe en las pequeñas canchas del país anfitrión.

Entonces, vemos a un Neymar dejar que su ira de niño malcriado se desborde como jamás se lo van a permitir en el Barcelona…A un James gritar y amenazar a uno y más árbitros como jamás se lo van a permitir en el Real Madrid…A un Vidal enloquecer en una noche de copas y juegos hasta chocar su Ferrari como jamás se lo van a permitir en la Juventus.

Y podría seguir aquí con una larga y no menos penosa lista de etcéteras que culminarían inevitablemente en el asqueroso acto del jugador chileno Jara contra el uruguayo Cavanni.

La palabra “bajeza” se queda corta ante semejante actitud de cobardía e indecencia. 
La palabra “imbécil” para calificar a este lamentable representante de Chile, es apenas un piropo. 

¿Sabrá este triste incauto que en la cancha hay más de 35 cámaras capaces de mostrar al mundo estupideces como la que él hizo en nombre de su país (que además es el anfitrión)?
¿Entenderá este fraude ambulante y antideportivo que al único idiota que engañó (y sólo por un momento) fue al árbitro, quien además supo representar muy bien el espíritu de la FIFA al estar claramente comprado para darle el beneficio del triunfo al equipo chileno?

Este señor Jara, con sólo un dedo ensució aún más la ya enlodada Copa América; y su carrera en las filas del Mainz, el club alemán que alguna vez lo contratara, está literalmente en juego.
En otras palabras, la caída que Jara simuló sin que siquiera Cavanni le rozara su dura cara, es apenas el inicio de una gran bola malos augurios para este pobre diablo vestido de futbolista.

Pero más allá del fútbol, lo que resulta imperdonable es haberle hecho vivir a otro jugador…a otro colega…una humillación tan terrible en pleno partido.  El señor Cavanni (con quien simpatizo muy poco, por cierto) no sólo fue víctima de los insultos que Jara le susurrara al oído y víctima igualmente de su repulsivo atentado contra la hombría y la dignidad de cualquiera.  Por si eso hubiese sido poco, el jugador uruguayo recibió con descarada injusticia la tarjeta roja que lo sacara del encuentro, y de inmediato recibió además la estruendosa pita de una afición chilena que prefirió seguirle el juego a la desvergüenza.

Así va la Copa América, llena de golpes, jugadas sucias, humillaciones baratas, corrupción al mejor estilo de la FIFA, árbitros increíblemente malos, egos incontrolables, malas crianzas por doquier, caprichos desmesurados y eso sí…una pésima demostración futbolística que le quedó debiendo al deporte más popular y vistoso del mundo.

Esperemos pues el final de este show barato, que seguramente terminará con el triunfo del equipo anfitrión (a menos que se inventen otros árbitros), y olvidemos que todo esto ocurrió.  Creo que será lo mejor para todos…y especialmente para el fútbol latinoamericano.

  




  

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