jueves, 23 de abril de 2015
miércoles, 22 de abril de 2015
jueves, 20 de junio de 2013
LA COMPLICIDAD TIENE CARA DE PUTA
El 14 de abril, en Venezuela,
ocurrió un evento que sin pretender catalogar de fraude (para eludir la
subjetividad de mis palabras), sí está lleno de grisáceas circunstancias que al
menos lo hacen ver “sospechoso”…Todos saben eso.
Todos saben que una diferencia de menos de 200.000 votos en un
universo de más de 18 millones de votantes, justifica plenamente la exigencia
de un reconteo manual como debe ser: votos y registros contra cuadernos
electorales.
Todos saben que si ese día se hubieran contabilizado los votos del
exterior, la diferencia no hubiese llegado a los 100.000.
Todos saben que si se revisaran las denuncias acerca de los más de
200.000 “muertos votantes”(quienes no por coincidencia marcaron la casilla del
candidato oficialista), el resultado favorecería con creces al candidato
opositor Henrique Capriles Radonsky.
Todos saben que si se revisara a fondo el proceso, ahí estarían
esos videos que muestran en la entrada de varios centros de votación a extraños
personeros repartiendo cédulas para provocar la repetición de votos pro-régimen.
Todos saben el abuso inclemente por parte del candidato oficialista
en el uso de los medios de comunicación masiva, con lo cual se incumplió
abiertamente las directrices en relación con la campaña electoral.
Todos saben que el candidato oficialista no podía ser candidato y a
la vez Presidente Encargado del país.
Todos saben que en Venezuela no existe la independencia de los
poderes públicos, y que entre otros vicios, la presidenta del ente electoral es
otra “camarada” del régimen.
En fin, y a pesar de que tantos
conocen de éstas y muchas otras irregularidades, hoy el ilegítimo Nicolás hace
gala de su más enfermiza desfachatez, y juega a ser el presidente electo de
Venezuela, cuando TODOS SABEN que hay mucho que averiguar antes de darle ese
honor que para nada merece.
Y cuando digo TODOS SABEN, no sólo
hablo de los venezolanos. Mis palabras
trascienden las fronteras y se refieren a todos los gobiernos, a todas las
instituciones internacionales, a todas las entidades autónomas, a la Iglesia y
a todos los organismos que representan de alguna manera a la llamada “Comunidad
Internacional” que decidieron sin el más mínimo pudor, aceptar al señor Nicolás
como el Presidente de mi país, aún sabiendo la línea tan delgada que lo separa
de la más absoluta ilegitimidad, y sin esperar a que las denuncias hechas por
la oposición comenzasen el recorrido legal pertinente o tan siquiera fueran escuchadas
por quienes tienen el deber de velar por la democracia en la región.
La mentira es un pecado, y sin embargo
Nicolás fue recibido como jefe de estado por el mismísimo Papa Francisco .
Nicolás es un dictador comprobado,
y sin embargo la OEA le da espacios privilegiados como máximo representante de
un país.
La situación de hambre y
desabastecimiento en Venezuela alcanzó los niveles más insólitos, y sin embargo
la FAO le otorga a Nicolás un premio a sus políticas alimentarias.
Y así podría llenar hojas y hojas
con una interminable lista de etcéteras, que sólo producirían espasmódicos
movimientos en mi abdomen, provocados por una bilis que ya no cabe en mi
interior ni en el interior de la gran mayoría de mis compatriotas.
Pero cuidado, señores del mundo, porque la complicidad es un boomerang que se
regresa con más fuerza… y es capaz de cortar cabezas.
Créanme que los silencios y las
vistas gordas que aparecen luego de que un buen cheque paga algunas conciencias
en oferta, terminan por convertirse en
un grito que después el mundo decente no alcanza a escuchar.
Sépanlo de una vez: Nicolás Maduro
está ocupando un cargo que no le corresponde, y tras el ilegítimo poder que ese
cargo le da, está destruyendo a
Venezuela y está afectando gravemente a la democracia de América Latina y del
mundo, dándole fuerza política a países de alto riesgo y a grupos guerrilleros
y terroristas que han vivido amenazando de manera criminal y cobarde la paz
global.
Luego no digan que no se lo
dijimos. El que calla, otorga, y del
silencio nace la complicidad.
Esa decisión de callar hoy es
personal, sin importar si se trata del Secretario General de las Naciones
Unidas o de la OEA…
Sin importar si se trata de un
presidente que tomó el camino de la conveniencia, del interés o de la comodidad…
Sin importar si se trata de alguna
ONG desesperada por contribuciones monetarias de importancia…
Sin importar (incluso) si se trata
del Papa.
En fin, cada quien sabrá por qué
lo hace, pero muy pronto, cuando este desorden histórico sea (como siempre
digo) una simple y desagradable anécdota, ninguno tendrá cara para vernos a los
venezolanos a los ojos.
…¿O si?
lunes, 10 de junio de 2013
LO SIENTO NICOLÁS...
A ver, Nicolás, cómo te explico.
Al igual que tus más ineptos y tarifados “amigos”
internacionales, sigues utilizando el término “fascista” como ese insulto
aprendido nadie sabe de quién y en qué momento, para referirte a todos aquellos
que manifestamos el buen criterio de no acompañarte en tu desafortunada
aventura presidencial.
Ante tu evidente desconocimiento del término en cuestión,
esperaría (con un altísimo riesgo de quedarme sin respuesta) que indagaras un
poco al respecto. Si es que tus
múltiples desocupaciones te permiten hacerlo, podrás constatar, para tu
infortunio intelectual, que el único fascista en este país es el régimen
heredado por ti y que con absoluta ilegitimidad insistes en representar.
Sólo tú y tu grupito de malandros politizados pretenden
instaurar una sola y única manera de pensar…un control absoluto de los
medios…una evidente restricción de consumo entre los ciudadanos…un estado en
permanente emergencia social… un insuperable nivel de inflación…una rienda cada
vez más corta para los empleados públicos…un distanciamiento claro y explícito
del mundo progresista…un desarrollo de conductas de obediencia instintiva entre
los grupos siempre más aplastados…
¿Te fijas Nicolás? Aquí
los fascistas son ustedes, los socialistas del siglo XXI, que no han
comprendido que ese modelo de desgobierno no sólo es un mal recuerdo de alguno
que otro pasado en el mundo, sino que además es una fórmula infalible de
retroceder como nación y de extraviarnos en el anecdotario de un país rico, que
decidió fallecer en la pobreza más absoluta y vergonzosa.
Tu ineptitud para conducir algo escasamente más grande que
un autobús, ha quedado evidenciada en cada desacierto y cada vez que tomas la
muy errada decisión de abrir la boca para ofrecer alguna triste declaración
pública.
Gobernar, Nicolás, va más allá de simplemente dedicar largos
espacios televisivos a ofender a tus opositores.
Para gobernar debes tener ideas, planes concretos, proyectos
estudiados y desarrollables, un equipo de trabajo capaz de implementar una
visión de país…y tú, Nicolás, no tienes nada de eso. Por el contrario, la deteriorada capacidad de
improvisación de tu desparecido padre político llegó a tus manos completamente
desgastada, y con ella, mi jamás reconocido presidente, tampoco sabes qué
hacer.
Decirnos fascistas a tus opositores simplemente por el hecho
de contradecirte en tu desdibujada ideología, es una falta de respeto producto
de esa ignorancia que no logras disimular aunque lo intentes.
La misma ignorancia que está llevando a Venezuela hacia el
borde del abismo.
La misma ignorancia que pretendes (cada vez con menos éxito)
inculcar en un pueblo dispuesto a darte la espalda en cualquier momento.
Ya te quedaste sin la inercia emocional de Chávez (inercia
de la que abusaste incluso al pretender mantener vivo a quien tenía rato de
haber fallecido). Te quedaste también
sin el apoyo popular, algo que se evidenció el 14 de abril tras tu indiscutible
derrota.
Con lo que sí te quedaste es con un desprecio incontenible y
con una lástima contagiosa hacia tu persona, que te hará ocupar el lado más
oscuro de la ya oscura historia que comenzara a escribir el precursor de este destructivo
y perverso proceso mal llamado Revolución Bolivariana.
Nicolás, tu tiempo va llegando a un final inevitable e
irreversible, así que yo, en nombre de una inmensa mayoría de “fascistas”
opositores, perros del imperio, vende-patrias, apátridas, sifrinitos,
escuálidos, malcriados y demás insultos ya agotados durante los últimos casi 15
años, te recomiendo que vayas haciendo tus maletas, porque en poco tiempo sólo
podrás ser testigo de esa nueva Venezuela de progreso y libertad, desde la cárcel o desde el olvido.
A ver, Nicolás, cómo
te explico: te quedó grande el disfraz que heredaste, y por mucho esfuerzo que hagas para rellenarlo,
la sensatez nacional y la decencia de todo un pueblo decidieron dejarte atrás
en tu fallido ensayo de primer mandatario.
Lo siento Nicolás, será en
otra oportunidad…pero NO EN VENEZUELA.
miércoles, 22 de mayo de 2013
AL FILO DE LA NAVAJA...O DE LA HOJILLA
9 AÑOS Y PICO DE
BASURA
El autodenominado y muy mediocre conductor de televisión, el
señor Mario Silva, ha hecho a lo largo de estos últimos casi 10 años méritos
excesivos para ganarse mi más sincero desprecio.
Este tipejo, con el descaro y la petulancia típica de los
representantes oportunistas del llamado
socialismo del siglo XXI, le ha dado forma al lado más oscuro de la producción
televisiva.
Haciendo uso y abuso de su lamentable poder dentro del
régimen, Silva ha ocupado el aire del canal del estado (el canal de
todos los venezolanos), para ofender, humillar y menospreciar a todo cuanto
ciudadano haya hecho manifiesta su adversidad al desgobierno que con ineficaz
diligencia mal-intentara conducir el extinto dictador Hugo Chávez.
Adulador, vulgar, sinvergüenza y naturalmente desagradable,
Mario Silva ha dedicado su tan mediocre como efímera vida profesional a tapar
(con muy poco éxito) la decadencia existencial fundamentada en su harto-conocida
adicción a las drogas, a la violencia y a la vagancia como oficio.
Es decir, una piltrafa humana que se logró colar en el
poder, y se prendó de la única teta que quedaba libre.
SE ASOMA UN
AGRADECIMIENTO…
No obstante el sentimiento que provoca en mí este turbio
personaje de la vida nacional venezolana, hoy asoman en mi fuero interno discretísimos
indicios de reivindicación, pero no porque el señor se haya arrepentido de nada
o porque haya recapacitado acerca de sus incesantes atropellos comunicacionales,
sino por su condición inequívoca de sapo del enchufado mayor, Fidel Castro.
Esa condición le impidió cuidar ciertos “detallitos” en la
grabación de un informe que le “contara”
al esbirro Aramís Palacio, jefe de
contrainteligencia cubana y enlace oficial entre los soplones de la revolución
bolivariana y el régimen castro-comunista.
Y como decimos en buen venezolano, al señor Silva se le soltó el yoyo al hablar de sus “incompatibilidades
existenciales” con algunos personajes que para su desgracia pertenecen a lo más
selecto de la mafia revolucionaria, razón por la cual tienen mayor ingerencia
en el deteriorado chavismo sin Chávez.
“EL IMPERIO ES EL
CULPABLE”…(CUÁNDO NO?)
Sin embargo, a pesar de que al presentador de La Hojilla le
salió “sorpresivamente” un viajecito sin retorno a Cuba (aduciendo razones repentinas de salud), no
abandonó Venezolana de Televisión sin antes arrojarle las sempiternas piedras
verbales al imperio y culpar de un montaje “casi perfecto” a los israelitas y a
la CIA, quienes (según él mismo dice) volaron sus helicópteros sobre el estudio
donde se produce La Hojilla, registraron durante nueve años el audio con toda
la paja que él ha hablado a través de las cámaras y armaron esa maquiavélica
grabación con las intenciones de confundir al pueblo revolucionario.
-Despreciado Mario,
esa historia es tan absurda como tu propia existencia-.
Le agradezco a este moribundo anfibio bolivariano su indiscreción y su incontenible necesidad
de “lamerle las botas” a esas altas esferas del fenecido comunismo
latinoamericano.
Yo sabía que algún día, tan indignas cualidades nos iban a
favorecer a los venezolanos decentes que queremos lo mejor para TODOS.
Le agradezco su envidia para con otros compañeritos del PSUV
que lograron robar más que él.
Le agradezco su ausencia y su cobardía…Sin ellas aún estaríamos
sometidos a la tortura de su vergonzoso programa de TV.
En fin, como siempre se ha sabido, algo que se construye
sobre la mentira y el engaño, siempre está susceptible a derrumbarse. Y la Revolución Bolivariana del fatídico
ex-dictador Chávez no podía ser la excepción.
LA CAÍDA DEL RÉGIMEN
APENAS COMIENZA
Lástima que el personaje que hoy nos ocupa sea ateo, porque
eso le limita incluso la posibilidad de rezarle a cualquier santo que pudiera
echarle una manito en estos momentos de consternación ”espiritual”. (Aunque la verdad, no creo que ni eso le
hubiera salvado de lo que está a punto de suceder).
El impresentable
presentador de La Hojilla es apenas la primera piedra de ese dominó que se
desploma. A los demás, los veremos caer
uno a uno sin la más mínima posibilidad de que la injusticia les siga dando la
oportunidad de esquivar la pena que más
temprano que tarde tendrán que pagar.
La Hojilla se quedó sin filo, y Mario Silva habrá de
regresar a ese anonimato del que jamás debió salir.
martes, 7 de mayo de 2013
DE PRESIDENTE ILEGÍTIMO A ESPECIE EN ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN
Sin embargo, nunca he logrado llegar a la línea número cinco
porque de mis dedos surge una necesidad incontenible de exhibir mi mejor y más
ofensivo léxico, mismo que durante los últimos catorce años, por mérito intransferible
del difunto y nunca bien recordado Hugo, he venido perfeccionando incluso hasta
sentirme orgulloso.
Este tal Maduro (inapropiado apellido de Nicolás) no es otra
cosa que una copia muy pero muy barata de su ya barato antecesor, sólo que le
tocó llevar a cuestas la cruz de la radicalización y el extremismo. Una cruz, por cierto, que el inepto personaje
que hoy nos ocupa, arrastra de manera abusiva e intolerante por los caminos de
la peor crisis política, económica y social que haya vivido jamás mi aporreado país.
El desprecio que por razones naturales provocan en mí sus
mal diseñados discursos, no cabe en ninguno de los adjetivos descalificativos
que yo quisiera esgrimir, por groseros y despectivos que éstos puedan ser. Y es que esa vocación bien heredada de su
“padre político” de convertir en excremento todo lo que toca, y además contarlo
como un gran logro revolucionario, es sin duda un activador…un generador
natural de bilis en todos los venezolanos que nos reconocemos decentes.
Lo que salva en algo la siempre desagradable imagen de Nicolás
El Breve, es que tiene esa capacidad (muy revolucionaria, vale recordar) de
autodestruirse poco a poco cada vez que habla, única razón por la cual soportarlo
se traduce en una especie de gratificante tortura sensorial.
Este oscuro personaje del epílogo de esta aún más oscura
revolución bolivariana, tiene el liderazgo por donde menos lo ilumina el astro
rey, lo que hace que incluso sus simpatizantes le pierdan el escaso respeto que
les queda. Los restos desconsolados de
un respeto hoy escasamente impulsado por una cada vez más debilitada inercia
histórica.
Amenazante y fácilmente despreciable, este inoportuno
presidente en claro proceso de descomposición hace gala constante de su
ilegitimidad cada vez que da alguno de esos desesperados chapoteos de ahogado,
típicos de quien agrede y ofende ante la desazón de hallarse en medio de su
propia incapacidad para gobernar y seguir empujando un proyecto cada vez más y
más pesado.
Ahora bien, no puedo menos que reconocer un gran logro del señor
Maduro: en escasos cinco meses ha conseguido que más de un millón de
simpatizantes chavistas se hayan mudado al Caprilismo.
Ese logro “construido en socialismo”, ha encontrado en este
esporádico y sobre todo lamentable jefe de estado venezolano, a un aliado para
que la historia vaya cambiando de autor, y a la vuelta de la esquina nos
encontremos con un futuro como el que merecemos.
jueves, 28 de febrero de 2013
SIENTO LÁSTIMA...
Luego de una ausencia provocada por mi propio desencanto en
relación a la política venezolana actual, mis manos no soportaron tanto reposo,
y decidieron exponerse a la opinión de quienes hoy deseen leerme.
Siento lástima.
Lástima por estos desvergonzados y sobre todo improvisados
aprendices de dictador, que por uno de esos accidentes geográficos terminaron
siendo mis compatriotas y hoy pretenden desplomar sus frustraciones y sus
complejos sobre un pueblo al que aparentemente le sobra paciencia y
resignación.
Maduro y Diosdado, Diosdado y Maduro, como protagonistas a
dedo de esta lamentable fábula a la que un grupito de idiotas decidieron llamar
“revolución”, no dejan de sorprenderme tras cada show montado con devaluadas apariencias
de discurso oficial.
Cada vez que alguno de ellos externa a viva voz que Chávez dijo que se hiciera tal o cual cosa,
algo muy parecido a la bilis invade mis vías digestivas produciéndome una
inevitable sensación de náuseas que me cuesta superar.
Sólo pensar que yo estoy entre esa audiencia a la que ellos
pretenden hacernos comer semejante cuento, me hace sentir humillado y burlado
sin la más mínima compasión... sin el más mínimo escrúpulo, más cuando todos (sin excepción) sabemos que
el dictador está muerto desde hace rato. Por una mera estrategia de perpetuidad
fantasmal, estamos ante el plan más perverso de ruptura constitucional jamás
padecido en Venezuela y en país alguno.
Definitivamente, un complot contra los últimos vestigios de
nuestra democracia y a favor del futuro más oscuro al que nos hayamos
enfrentado en nuestra historia.
Pero aún más sensación de náuseas me da esa gente, que sometida
a vivir como animales callejeros en refugios poco menos que improvisados,
manifiestan abiertamente su confianza en el llamado “proceso” y en su invisible
líder.
Para mí, este sector de la población (de por sí execrado
hasta por sus propios “defensores”) merecen el gobierno que tienen, y sobre
ellos, ningún compromiso con el mañana de nuestros hijos se puede sostener de
manera seria.
Esto me lleva a exteriorizar otra lástima muy profunda: la
que me dan la mayoría de los líderes opositores, quienes en una abierta
exposición de incapacidad política y de egoísmo del más alto nivel, se
mantienen al margen de la realidad nacional y permiten que los ofendan hasta
los límites más aberrantes.
Estos débiles (por decir lo más suave) representantes de
quienes nos oponemos al régimen chavista, dejan que la historia pase frente a
ellos exigiéndoles permanentemente la otra mejilla para continuar con una
interminable seguidilla de burlas a lo muy poco que queda de su dignidad.
¿Cómo pueden guardar una compostura tan inconveniente ante
los desmanes de una dupla gubernamental que apenas está estrenando los excesos
que el poder ilimitado le permite cometer?
¿Cómo no meten la mano en la centrífuga destructiva de este
huracán de aceleradas y sobre todo desacertadas decisiones?
¿Cómo no entienden que “dictador no sale con votos”?
Bueno, estas preguntas que me hago desde hace años son el
origen de mi ya no tan incipiente “desesperanza migratoria”, que me obliga
tantas veces a pensar en la suerte que tienen mis hijos de estar lejos de aquel
infierno de abusos y conformismos.
También siento lástima por quienes aún luchan con la
convicción de un cambio: Los estudiantes
que sobreviven como el último bastión…hoy debilitado ante la indiferencia
generalizada provocada por un desgobierno transgresor de voluntades.
Los ciudadanos que con sus agotados dejos de fe aún atienden
a los llamados contra la indetenible dictadura.
Las familias que hoy se
enfrentan por vez primera al famoso Plan B: “huir” del país, ante la clara
imposibilidad de una vida socialmente sana para sus hijos.
Y por qué no…de igual manera siento una intensa lástima por
esa intangible e inapreciable comunidad internacional, que decidió convertirse
en cómplice de lo que mañana, más temprano que tarde, se habrán de
arrepentir.
El que calla otorga, dice el pensamiento popular, y en este
caso, el silencio del mundo (con honrosas e individuales excepciones) es el
resultado de un montón de intereses que prevalecieron sobre la dignidad de
muchos gobiernos oportunistas e
indecentes.
En fin, siento lástima por el tiempo perdido, por las
batallas no peleadas, por los esfuerzos abandonados, por la rabia subestimada,
por la decencia endiosada, por la pasión con bozal, por la ilusión con
gríngolas, por los pasos dados en la dirección contraria….por Winston
Vallenilla y sus rodillas ya acostumbradas a estar en tierra.
No es sano, ni moralmente correcto, ni humanamente normal,
ni personalmente enorgullecedor, pero quiero dejar, tras estas cortas líneas de
lastimosa reflexión, que sí…que le deseo la muerte política, histórica y hasta
física más absoluta, total, lapidaria y determinante a todos estos mal nacidos y mal llamados revolucionarios
bolivarianos, quienes bajo el mando enfermizo del Dictador (con “D” de Difunto)
se siguen vengando con un ensañamiento desproporcionado del pasado verdi-blanco
que hoy, en lo personal, extraño como pocas cosas en el mundo he llegado a
extrañar.
Cuando veo la cantidad de dinero que se pierde a diario por
los caprichos intravenosos del fallecido maniático y sus secuaces…
Cuando veo la cara de resignación de todo un pueblo ante los
primeros síntomas de una devaluación que reventó la balanza de la cordura y de
la sensatez…
Cuando veo la expresión de conformidad en la mayoría de mis
compatriotas cada vez que Maduro o Diosdado, con sus recién descubiertas dotes
de médiums, verbalizan lo que su ex-amo y señor les comunica desde el más allá…
Cuando veo todo eso me pregunto: ¿En qué momento sucedió?
A mi parecer, Venezuela apenas comienza una nueva etapa en
esta debacle bolivariana… Una etapa de radicalización y empoderamiento extremo
del país para terminar de convertirlo en una gran finca abandonada, con lejanos
síntomas de un lujo que se comienza a olvidar, entre las ruinas de una
democracia ejemplar y los escombros de una libertad que no logró mantenerse en
pie.
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